San Juan dice que "hay alguien entre ustedes a quien ustedes no conocen". Fue la lectura del viernes 2 de enero de 2026. El padre Néstor (de la parroquia de la Medalla Milagrosa) hizo justamente una reflexión sobre ese "no conocer", diciendo y aclarando que no se trata de un conocimiento intelectual, de una acumulación de datos, sino de... -bueno, no recuerdo qué palabra utilizó, pero dijo como que es un conocimiento que se relaciona a aquel "conocer" que usa Génesis cuando se dice, por ejemplo, que Adán conoció a Eva y tuvieron hijos. Es un conocimiento que da vida, que vivifica.
Así como la Sabiduría como don del Espíritu Santo no está para llevarnos a tener conocimientos intelectuales ciertos sino para hacernos de vivir bien, y así como el don del Entendimiento no es simplemente comprender cosas o comprender las cosas, sino comprenderlas, entenderlas desde los ojos de Dios, en principio mediante la contemplación, imágenes que se hacen difícil expresar en palabras. O imposible. El don del Entendimiento te hace ver cómo debés actuar, te hace concluir mediante una certeza cómo debés actuar, pero no necesariamente podés explicar esa luz. En todo caso sí uno podría intentar con imágenes, pero no con palabras que definan, que encierren conceptos.
Así, el don de Conocimiento o también llamado de Ciencia no hay que entenderlo como una simple acumulación de datos, de información. Sino como algo más profundo que el mismo Espíritu Santo ayuda a captar mediante su don de Entendimiento, y que es difícil -si no imposible- de expresar.
Pero podemos decir que ese "conocer" está vinculado al cumplir los mandamientos, y al amor a Dios (Jn 14, 15.21; 17, 3; 1 Jn 2, 3-4; 5, 2-3).
De ahí que no basta haber estado cerca de Él (de Jesús) -ser de los de "Cafarnaum"- para conocerlo si no se lo ama cumpliendo los mandamientos. Uno no lo conoce a Jesús por enseñar sobre Él (hablando en su nombre como un profeta), ni haciendo milagros (como un profeta), ni expulsando demonios ni siquiera haciendo milagros. Eso no basta para tener conocimiento de Él ni pasa por ahí el tener conocimiento de Él.
Lejos de ser desconsolador, es por el contrario muy consolador. Porque significa que nuestros momentos en los que nos sentimos solos, en los que sentimos aridez e incluso de caída por no producirse ese milagro no son obstáculos para Él. Pero el cumplir sus mandamientos es muy importante. Dicho en otras palabras: es importante hacer aquello que es bueno para nosotros -pues para eso nos dio el Señor los Mandamientos y se dignó mostrarnos lo que quiere su corazón, para que tengamos el honor de servirle. Porque debería ser un honor para nosotros cumplir sus mandamientos. Pero de nada sirve saber esto, sino se hace. No basta esto para conocer a Jesús.
Es los que dijo Jesús a aquellos que creían que lo conocía porque enseñaban hablando en su nombre, como los profetas, ¡o haciendo milagros! Nada de esto -¡incluso los milagros!- basta para decir que se conoce a Jesús y que lo ama. Ni para decir que Él nos conoce. Porque los milagros pueden estar... pero Jesús está más allá de los Milagros. Jesús no es los milagros. Pero esto, nuevamente: lejos de desanimarnos debe ser para nosotros objeto de profundo consuelo constante, al saber que, aunque no sintamos a Jesús, Él está presente. Aunque no se produzca el milagro: Él está presente. Quizás lo que quiera Jesús al no concedernos eso que le pedimos insistentemente -ese milagro- es que lo busquemos a Él, no al milagro en sí, que no es Él, sino a Él. El milagro nos podría hacer quedar en él -en el milagro- y no hacernos buscar a Jesús. Lo que debe producir un milagro es la conversión del alma. No "conocimientos de datos", sino el conocimiento del que habla Jesús y que Él quiere. Ese conocimiento que produce vida y buenos frutos al hacer aquello que Dios nos dice que será para bien nuestro:
El cumplimiento de los mandamientos
El orar por los demás, las obras de misericordia corporales y espirituales (las empezamos a hacer, por ejemplo, yendo a Misa, al rezar en ella por los vivos y por los difuntos).
En síntesis:
– conocer a Dios no consiste en saber cosas sobre Él, en tener datos sobre Él;
– amar a Dios no es un afecto vago, no implica necesariamente un sentimiento;
– y no debe confundirse cumplir los mandamientos con "legalismo", "fariseísmo".
Aquel "no los conozco" es muy fuerte, y me/nos interpela mucho. No para vivir asustado, sino para ser consciente. El aviso ya muestra el Corazón Misericordioso del buen Dios que no quiere que nadie se pierda, sino que todos se salven; y que nos ama con todo su ser. A tal grado llega su amor que si fuera posible, Él se entregaría nuevamente por nosotros en la Cruz. No es posible porque ya resucitó y ya venció a la muerte, por lo que no puede ya morir de vuelta. Si muriese de vuelta, entonces no habría vencido a la muerte.
Pero aquel "no los conozco". ¿Cómo puede decir eso? ¡Y estaba hablando de gente que tenía datos de Él y que sabía las cosas que Él había dicho, ya que "enseñaban en su nombre". Pero vayamos al texto.
Está en Mateo 7. Habla de los falsos profetas, de quien Jesús nos dice que nos cuidemos:
"Cuídense de los falsos profetas: se presentan ante ustedes con piel de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Ustedes los reconocerán por sus frutos.
¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos o higos de los cardos? Lo mismo pasa con un árbol sano: da frutos buenos, mientras que el árbol malo produce frutos malos.
Un árbol bueno no puede dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos. Todo árbol que no da buenos frutos se corta y se echa al fuego.
Por lo tanto, ustedes los reconocerán por sus obras.
No bastará con decirme: "¡Señor!, ¡Señor!" para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo.
Aquel día muchos me dirán: "¡Señor, Señor! Hemos hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos milagros"
Entonces yo les diré claramente: Nunca les conocí. ¡Aléjense de mí, ustedes que hacen el mal!
Hasta aquí el texto de Mateo. (Las comillas dentro del texto y las cursivas son mías). Aquí "conocer" también puede entenderse como "reconocer". Porque mediante las acciones también conocemos y reconocemos a las personas. O las desconocemos. Como cuando nosotros decimos desconocer a alguien por el modo extraño de actuar.
Por último: también puede decirse que no "los conoce" porque el conocimiento se da en la oración, en el diálogo con Él. Así como entre nosotros, que conocemos a aquellos con quienes hablamos.
A no bajar los brazos. Amemos mucho a Dios con la oración, en y con la comunidad y con buenas acciones. Animémonos para ello mutuamente. ¡Nada hay difícil para el Buen Dios!
Que la Virgen nos bendiga mucho.
(Si en el texto hay algún error o herejía, por favor señálemelo en los comentarios o a mi correo: profesorsergioporatti@gmail.com)
No comments:
Post a Comment